
(El gallego “Gonzáles” es uno de los personajes más campechanos del pueblo, un tipo positivo, de mucha energía, en su almacén siempre dio un fiado. Remembranzas de mi niñez me veo participando de innumerables carrozas que armábamos en su viejo galpón para los carnavales del pueblo. Esté efímero relato lo involucra directamente, por ser el hombre que guarda unos de los secretos mas espeluznante del pueblo).
Ataliva Roca hace tantos años de mí niñez que no puedo enumerar fecha…
Estaba con otro vecino del pueblo (no daré el nombre para que no quede implicado en el delito que relatare) en medio de la calle de tierra, jugando un arco a arco. Mi madre me llama y me pide que vaya al negocio de don Pepe Gonzáles a buscar una botella de lavandina. Tener nueve años en un pueblo ya daba cierta libertades como la de hacer los mandados. Emprendí el viaje en busca de concretar el pedido, junto al niño que jugaba conmigo. Cuando llegamos al almacén de ramos generales de “Don Pepe”, estaba cerrado. Decidimos ir por atrás del negocio, donde vivía la familia. Cuando dimos la vuelta en el patio, el hijo del Pepe Gonzáles, Néstor más conocido como “El Gallego” tenía una jaula inmensa de aproximadamente tres metros de largo por uno y medio de ancho. Nos quedamos los dos niños observando las aves y su vuelo limitado dentro del encierro. Luego de unos segundos agarré un fierro que estaba a la vera de la jaula y en un instinto libertario comienzo a romperle todo el tejido, a golpes crudos. De pronto se escucha un grito y se abre la puerta del patio de la casa. El “Gallego González “el hijo de “Don Pepe” sale corriendo en calzoncillos cortos totalmente ofuscado. Salimos corriendo e ingenuamente pensando que no me reconocería. Fue el primer acto en 9 años de vida que sentí que había hecho algo importante. El gallego no pensaba lo mismo. Me buscó por el pueblo y me acusó de haber querido arrebatarle las aves. Nunca le explique que solo era un acto de justicia, aunque no era la forma y las aves en su mayoría se criaban en cautiverio.
Néstor Gonzáles estaba muy perturbado por las aves que se le habían escapado, andaba deambulando por los árboles del pueblo tratando de ubicarlas, buscaba en el parque, la plaza, en los postes de la luz.
Pasaron los días estaba yo sentado en la plaza chupando un juguito helado (comprado en horas de la siesta en el kiosco de la Peti Pacheco) pasa la señora de Brigada, vecina del Gallego, me dice: vos sabes por que Néstor se enojo tanto cuando le rompiste la jaula?.
En un instante deduje que la noticia había recorrido el pueblo. Con esta cara de pelotudo que tengo, digo: No, no sé. (En esa respuesta de niño de nueve años se vislumbrara un futuro de caradura)
La señora de “Brigada” se acomoda unos lentes y dice: querido, un curandero del pueblo le debía mucha plata al “Pepe”, y un día le regalo un pájaro para saldar sus deudas, pero no cualquiera: le dio el ave de la divina juventud, es inmortal.A quién se la regalara y la poseyera, tendría consigo la eterna juventud. Por eso Néstor estaba preocupado por que su padre le regalo el “Ave de la Juventud”. Y vos abriste la jaula y se le fueron casi todos los bicharracos. Brigada siguió caminando, pensé que estaba algo chiflada y los peor…el juguito helado se había derretido y era un asco.
Yo era amigo de Pepe Gonzáles, el papá del “Gallego”, hasta me daba unos pesos para apostar a las patas de algún burro en las cuadreras del pueblo, pero nunca me atreví a preguntarle por el ave de la juventud.
Hace unos días volví al pueblo, fue para votar. Cuando entre a la escuela en las mesas de votación quede paralizado, estaba “el gallego” González, igual que hace veinte años atrás, cuando lo mire detenidamente supuse que en ese acto vandálico de liberación de pájaros, el ave de la juventud no logró escapar, esta en manos del “Gallego Gózales”.
PD: Hoy querido “Gallego” te pido perdón, pero me sentí tan bien cuando cometí ese acto si se quiere bestial. Y la verdad, tengo mis dudas pero tal vez… lo haga de nuevo!!! Un gran abrazo. Darío
No hay comentarios:
Publicar un comentario