sábado, 18 de junio de 2011

La vacas mutiladas de “Don Satirana”


El viejo Satirana tiene su chacra a escasos 5 kilómetros de Ataliva Roca cuando se levanto la mañana del 21 de junio se topó con una visión aterradora. En los pastos, su toro yacía mutilado. Un agujero grande y limpio había sido cortado en el flanco y el ano del animal había sido extraído. Pero la escena era extraña, porque no salía sangre de la herida”.
Levanto su mirada y vio a cada una de sus 30 vacas mutiladas, la oreja izquierda, el ojo izquierdo, el recto y los órganos sexuales de cada animal fueron cortados y la sangre drenada, pero no quedan rastros de sangre en el piso y no hay huellas.”
EL paisano empezó a buscar respuestas que no encontraba, conocía la zona desde chico y sabia que no había animal carroñero posible que haga tamaña lesión. La tristeza lo inundaba lentamente en la llanura pampeana, del horizonte frío y hostil de junio aparece una luz, al instante varias. Satirana ve que son aviones, pero cuando se acercan se da cuenta que eran 4 helicópteros y de los grande. Desciende en el suelo donde yacían los animales mutilados. Satirana ve bajar a muchas personas con vestimenta militar. Sobresalía del resto, un rubio ojos claros llevaba un traje negro y se presento como Forrest Putman del FBI.
Forrest Putman comenzó a hablar rápido y en ingles a Satirana, lo cual el gaucho nunca supo que le decía, el paisano cada vez más asustado, desconfiando de la situación empezó a recular pa´tras, docenas de personas bajaban de los helicópteros, los perros de la estancia ladraban, el gallinero se alboroto por los ruidos. El viejo Satirana no aguanto más y desconcertado metió mano al facon que llevaba cruzado en la cintura y encaro ciego pa, delante. En el envión sintió un pinchazo atrás de la cien y se desvaneció en el suelo.
Lo despertó el frío de la mañana tirado al lado de la tranquera, un profundo dolor de cabeza lo acompañaba sin descanso. Se levanto lentamente, cuando su mirada se alzo observo que algo sucedía, no había ninguna animal mutilado. Un escalofrío le recorre el cuerpo cuando ve a sus 30 vacas y el toro todos juntos en el corral.
Respiro profundo, levanto el cuchillo que estaba tirado, se lo cruzo a la cintura y se fue para el rancho, el paisano tenia un dato concreto que decidió guardarse para toda su vida. Las 30 vacas y el toro no eran las mismas.
(Este relato a sido narrado in situ por dos hermanos, fue cambiado el apellido por razones obvias, cuando fueron a realizar la denuncia a la policía de Ataliva Roca le preguntaron que habían bebido a la noche, paisanos orgullosos y heridos en su persona se retiraron de la comisaría y guardaron para siempre esta experiencia vivida, se lo contaron solo a un amigo: Francisco Hernández Pérez, prometí a mi abuelo no delatar el apellido de los hermanos Rigos)

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