
Esta foto es una hermosa esquina de nuestro pueblo; más allá de su construcción antigua y llena de historia me acorde de “Anita Moran”.Siendo pequeño entraba a ese negocio lleno de damajuanas de vino, algunas de jugo, puestas en el piso de madera del local, al costado una bolsa de papas, canastos metálicos con botellas de vino de un litro y atrás del mostrador su dueña que atendía con: ¿Qué anda buscando negrito? En el local de Anita Moran compre mis primeras figuritas, las golosinas y algunas cosas que ya ni recuerdo, pero otras sí, como las masitas Lincoln y los champusitos de dulce de leche. Cuando le pregunte si debajo del negocio había un sótano, me hizo señas que NO con la cabeza, pero después supe que SI.
Anita Moran cuando era muy joven bajo al sótano, descubrió la presencia de una luz esférica, quedo estremecida por tal aparición y no bajo nunca más. Dicen las malas lenguas del pueblo que una vez apareció un gringo casi medio ciego acompañado de un bastón; le rogó por favor que quería ver la esfera lumínica del sótano. Anita desconfiaba del aquel viejo, consignó ser escritor de cuentos fantásticos, pero permitió que bajara al sótano, pero con una condición... que ella no bajaría. Ana Moran sin mas vueltas abrió la tapa de madera del sótano y dio una orden: Baje!!! .
Cuando el hombre estaba abajo del sótano Ana Moran cerró la puerta bruscamente y espero.
No fueron más diez los minutos trascurridos cuando el anciano comenzó a golpear desesperadamente la puerta de madera con el bastón, Ana Moran abrió la puerta; el anciano pálido sale del sótano, se va rápidamente sin mediar una sola palabra. Una mujer de gafas negras lo esperaba en una limusina afuera…
Para Ana Moran nada fue sorpresa, sabia lo que el viejo había visto, apoyo arriba de la tapa del sótano un par de cajones de vino y dos damajuanas de diez litros. Todo continuo con tranquilidad, siguió su vida atendiendo detrás de su mostrador grande y añejo, tratando de no pensar en lo que su casa tenía.
Después de cuatro meses del encuentro con el anciano; el “Pichín Nicoletti” le alcanza una carta que había llegado al correo, era de Buenos Aires, Anita Moran frunce el seño y le dice: ¿No negrito estas equivocado?.Pero si, era una carta para ella. Entra a su casa y decide abrir la carta, solo encuentra palabras que relatamos a continuación:
“Bajé lentamente, no puede; rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph."Gracias por del descenso al sótano: J.L.B
Ana Moran hizo una pausa serena, tiro la carta al fuego vibrante de la cocina a leña y se preparo unos mates, mañana tenia que abrir el negocio temprano por que llegaba el vinero.
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