
Este blog, muere y resucita cuando se le da las reverendas pelotas no tiene moral ni escrúpulos es tan ampuloso como irrespetuoso es como la vida, se cae, se levanta y vuelve a rodar.
Quise recordar algunas memorias de mis abuelos, Francisco Hernández Pérez (Pancho) y Ana Torres (Rubia); es lo más lejano y los recuerdos mas frescos que tengo de ellos, quiero escribirlos antes que me los profane el tiempo, por que el olvido será imposible.
(Este recuerdo está dedicado a dos de mis tres amores, Ulises y Chabela)
Una mañanita…
En tiempos de verano, ansioso a la espera de mis abuelos para pasar las fantásticas vacaciones en el campo, todas las mañanas pegado al vidrio de la cocina no quería perder un instante en el momento en que aparecía un sulqui a caballo manejado por mi abuelo, Pancho y a su lado la abuela, Rubia.
Cuando emprendíamos el viaje hacía el campo toda era distinto, el aire era mas fuerte y profundo... la inmensidad de la llanura originaba respeto.
Cuando Fichi, el caballo que tiraba nuestro sulqui empezó a trotar era fascinante, el viento pega en la cara sin escrúpulos y los tres: Pancho, Rubia y yo no le temíamos al viento y contentos íbamos comiendo unos caramelos "Media Hora" hacia el rancho.
Yo era un novato en el sulky, pero los abuelos todos los días venían al pueblo a vender leche, queso y manteca, luego de su recorrida pasaban por casa, la abuela se bajaba de un salto.En ella, la palabra lentitud no existe, abría la puerta de casa y llegaban las vacaciones.
En la casa del campo, un rancho de adobe, piso de tierra, el techo tenia sus respectivas cañas para proteger el intenso calor de verano, un arboleda que al verlas parecen que estuvieron desde siempre, que nunca fueron pequeñas, una casa sencilla pero trabajada, la abuela tenia su huerta, sus frutales una importante cantidad de gallinas y mis enemigos, los pavos.Pasaba tarde gritando solo para que hagan urururururu urururur.
Descargamos mi equipaje que era tan pequeño que no lo recuerdo, lo primero que hacia era ir corriendo a ver era el tanque del molino.Nunca supe por que, pero pasaba horas jugando al lado del tanque, movía el agua con un palo o le sacaba las algas; siempre había un tarrito, una lata de durazno oxidada que el abuelo le había hecho una manija con el cual bebíamos agua, tirada por el molino; fue el agua mas sabrosa que bebí en mi vida.
La casa de los abuelos siempre tiene cosas interesantes y lugares prohibidos donde uno no puede jugar o husmear, con lo que gusta fisgonear.Yo dormía en el cuarto pegado a los abuelos en un catre elástico y en la habitación había una vitrola alemana y muchos discos, pero nunca escuchábamos nada, era como un objeto de adorno.
Al medio día la abuela nos llamaba a comer donde escuchábamos la radio y siempre charlábamos, siempre me llamo la atención un mueble verde que estaba en la cocina y decorado con mucha destreza, no tenia mantel, la abuela agarro unos diarios hizo unos garabatos,luego los recorto a la vista de todos era muy hermoso y simulaba la falta de mantel. La mesa tenía un mantel de hule muy grueso con unas bellas flores de adorno y un viejo televisor a batería descansaba en una mesita.
La siestas en el campo son eternas y uno cuando va de vacaciones nunca tiene sueño, empezaba a revolver y a investigar todo lo que tenia al alcance esperando que los abuelos se despertaran, hasta que oía el crujir de la puerta de madera y salía corriendo al comedor a esperar al abuelo, era el turno de estar con mi abuelo, mi héroe y resero fantástico de llanura pampeana.
Nos sentábamos bajo una sombra de esos árboles eternos con Pancho, mientras la abuela le traía unos mates, el abuelo se sentaba en una silla petiza,el único autorizado para sentarse en esa silla era él y yo, estaba forrado con un cuero de ciervo y era viejísima, pero era la silla del abuelo.
La abuela traía el mate, yo había recolectado bastante bolas de pino, el abuelos realizaba un triángulo en el piso, poníamos todas las bolas dentro del triángulo, cada uno se quedaba con una bola, el juego consistía en pegarles a las bolas del triángulos y que salieran del territorio marcado, entonces cuando no quedaba ninguno dentro del triángulo contábamos quien tenia mas bolas de pino, me interesaba este juego pero siempre me parecía corto por que el abuelos tenia que hacer lo suyo y lamentablemente siempre tenia un fin.
Abuela rubia, trabajadora del campo, con una gran energía en su cuerpo, siempre me preparaba de todo para merendar, pero uno estando en el campo tiene que hacer otras cosas y me iba a inspeccionar una maquina cosechadora marca "Guanaco" que había quedado depositada atrás de los corrales.
Pero no quiero olvidar la comida del campo, "La abuela", realizaba quesos, manteca, tenia su huerto, frutales para hacer mermelada y hachaba leña como si fuera un hombre, le pegaba a los palos sabiendo lo que hacia.
Pega un grito el Abuelo y nos invita ha realizar la recorrida por el campo, junto con la abuela somos los copilotos, el medio de transporte es, el sulky. Salimos por la llanada y el abuelo dialogaba con la abuela en un lenguaje que nunca puede entender;
Pancho: viste la vaca negra la vieja
Rubia: si esta mejor que el otro día.
Pancho: y la lechera como tiene la ubres
Rubia: se ve que el ternero esta mamando hay qué destetarla
Todo el viaje hablaban de las vacas como si fueran personas y para mi eran todas iguales por que eran absolutamente todas negras.
De repente mi abuelo pega un grito: Rubia, mi abuela sin dudar se lanza del sulqui de un solo envión se tira sobre el piso y captura un peludo que inmediata mente le da un golpe contra la rueda del sulqui; teníamos la cena, así es la abuela.
De regreso ya de tardecita mojaba con la palangana el piso de tierra para estar más frescos y venía la segunda tanda de mates.
Me gustaba revolver la despensa de la casa la abuela, como buena administradora guardaba y racionaba todo los alimentos, había masitas que he deducido han estado mucho tiempo en la despensa por el olor y gusto a vieja que tenían, un sabor que en el campo no se confunde.
Cuando estaba oscureciendo la abuela agarraba el farol le daba fuerte con el bombin y aparecería la luz, en la cena relatábamos todo lo que había sucedido en el día, la verdad era un dialogo muy fluido, cuando terminábamos de cenar, salíamos con el abuelo afuera de la casa en la inmensidad de la noche a lo lejos divisábamos las luces del pueblo y la luz del algún otro ranchito y mirando junto hacia el pueblo los dos orinábamos en la oscuridad mirando las luces del pueblo, era solo un momento de hombres, nunca me sentí tan GRANDE…
Gracias Abuelos.
PD: creo este recuerdo se me viene a la memoria SIEMPRE y tendría entre 4 o 6 años, mi abuelo me hacia sentir Grande. He aquí una de mis historias con el abuelo Pancho, la abuela Rubia y no puedo dejar a un lado una de sus frases más afamadas: ME CAGO EN DIOS CARAJO.
heeee de vuelta!!!!! bien bien mucho bien que se ecriba un poco del pueblo
ResponderEliminarTerrible caño partió al pueblo!!!! el famoso acueducto 2 cosas pasaron 1) Marín cambio un río por un caño 2) los trabajadores del acueducto no llevaron todas las chinas del pueblo!!
ResponderEliminarQue lindo tener como nombre de Colegio "René Favoloro" un doctor que apoyo al gobierno militar!!!
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