
Ellos vinieron. Al fin vinieron y se la llevaron. Se la llevaron y nunca más la volvieron a ver. Nunca más.
Era de noche. Había salido Teresa Santucho, con su hermana, para el campo. Iban a pasar un fin de semana. Pero de repente, en medio de una ruta oscura, una luz que provenía del cielo los encandiló, y perdieron el control de la camioneta. Pero no importaba eso, porque aunque no lo hubieran perdido, las gomas traseras se habían desinflado; ella lo supo cuando quiso dar marcha atrás.
Bajaron del vehículo, mientras los enanitos verdes se arremolinaba levantando polvo y arbustos. Teresa Santucho no tenia miedo ya estaba acostumbrada, toda su vida los vio y nadie le creía, Ni su hermana ni ella sentían miedo. No tenían miedo porque estaban resignadas. Sabían lo que estaba por pasar. Sabían que algún día iban a venir y las iban a encontrar, los enanos estaban furiosos por que ella los había delatado, denunciado y gritado a los cuatro vientos.
La luz verde en el cielo se dividió en dos partes iguales y ambas descendieron hasta quedar suspendidas a unos metros del suelo. A medida que las luces se acercaban hacia ellos, fueron disminuyendo su luminosidad, hasta que les permitieron ver los dos artefactos voladores. De ellos se apearon bajas figuras de aspecto humano con el rostro cubierto, pero eran enanos, verdes. Eran todos idénticos, aunque uno de ellos, que parecía ser el líder, hizo un ademán y el resto avanzó hacia la camioneta. Varios, la tomaron por detrás, taparon su boca y cubrieron su cabeza con una funda verde trasparente. Aunque era imposible escuchar algún sonido más que el que producían los artefactos, ellas no gritaron. Pero sí había escuchado con atención lo que uno de los seres le había dicho en el oído, antes de atraparlas.
Teresa se quedó inmóvil, mientras los sonidos y la fuerte ventisca se alejaban. “Es solo de rutina”, había dicho el ser y se la llevaron para nunca más volver. Nadie nunca le creyó y paso a estar loca, esto siempre pasa; hasta que le pasa a usted.
(S.M & D.R)
¡que buenos personajes vivieron en nuestro pueblo, esos que marcan la historia de un lugar y que nunca se olvidan!!! Teresita fue uno de ellos y nos cautivo con sus historias fantasticas, que seguramente se transmitiran por generaciones!!!
ResponderEliminarSiiiiiiiiiii los enanitos verdes, que le molestaban el Toro de las vacas que andaban por las alambres caminando, terrible no?
ResponderEliminarterrible lo de Teresa Santucho para mi que algo vio seguro!!!!
ResponderEliminarAh y cuando lo denunciaba al pobre Manolo Gonzales jajajaa que deliro hermoso tenia...le queria llevar el torito manolo jajajaja
ResponderEliminarPobre Manolo entre teresa y la raquel el Oscar para el.
ResponderEliminarno puedemos votar :( :( :(
ResponderEliminarFeliz navidad para todosssssssssss ;)
ResponderEliminarDesde la fria Europa les digo felicies fiestas al pueblo maravilloso donde pase mi infacia, aunque hace mucho, mucho tiempo...este blog me hace sentir mas cerca en estas fechas festiles.
ResponderEliminarEl problema de Teresita no fue lo que vió, sino lo que NO vió. Perderse de ver algunas cosas en la vida te hace empezar a ver otras. Lo único que me llama la atención es el color de los enanitos.
ResponderEliminarFeliz anñooooooo nuevo que venga ahorita el 2010!!!!!
ResponderEliminarTeresita Santucho, vivo en Buenos Aires, estudio en una d elas mejores escuelas del país, tenia muy buena formación, cultural y tambien trabajo en televisión en el viejo canal 9 en el programa de "Doña Petrona" siendo una mujer muy joven y bella. Para quienes nos la conocen tendrian que leer algunas de las cartas que ha enviado como correp del lector y podran apreciar su redacción literaria a la hora de componer escritos. Es bueno que la recuerden por que fue una persona muy especial!!!
ResponderEliminarTeresa fue una excelente mujer, de una cultura y un conociemiento pleno, mujer fina y de mucha bondad por eso no la confundan con otra que anda por alli sembrando odio en mi paso por ataliva y creo que en el presente, mi mejor recuerdo para "Teresita" un personaje eterno de mi querido y añorado Ataliva Roca.
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